Municipal, Nacional, Política, Provincial, Ultimo momento

La santa oposición: A falta de peronismo, el Vaticano lo organiza

papa-peronista

El Vaticano desde allá y desde aquí, con sus delegados en cada provincia y barrio, inicia una etapa en la que busca un equilibrio político tras la desconfiguración peronista.

Gustavo Vera fue candidato del peronismo porteño acompañado en la lista por nada menos que el inefable Guillermo Moreno. Pablo Moyano es el hijo de Hugo y hermano del playboy que milita con Sergio Massa Facundo. Alejandra Gils Carbó lideró el espacio kirchnerista Justicia Legítima y es procuradora general de la Nación hasta el día en que se efectivice la renuncia que le presentó al presidente Mauricio Macri. ¿Qué tienen en común todos ellos? Que además de no cuajar como opositores en un peronismo que lejos de haberse organizado está atomizado y que se pasa facturas o que está ocupado atendiendo causas judiciales tras sus últimos 12 años de gestión, o bien purgando cárcel, directamente, son visitantes ilustres del palacio denominado Casina Pio IV de la Ciudad del Vaticano en el que reina otro argentino y promotor de Alberto Rodríguez Saá, monseñor Marcelo Sánchez Sorondo.

Mientras el papa Francisco intenta articular posiciones, este sacerdote de la jerarquía vaticana y con antecedentes nacionalistas en la política argentina es quien oficia de impulsor, sin articular: elige, apoya y entroniza.

Hay quienes alrededor del propio Jorge Bergoglio fruncen el ceño, aun hoy, cuando se lo acusa de “kirchnerista”. “Peronista puede ser, pero a su manera. Es ´bergoglista´en todo caso, otra de las formas del peronismo”, pudo escucharse alguna vez en boca de alguien que lo aprecia y respalda y que no le parece que les esté haciendo el juego a los acólitos del kirchnerismo.

Sí, en cambio, reconocen una función e intención diferente en un Sánchez Sorondo que ya tenía poder, contactos e independencia en la Santa Sede antes de que arribara el el cardenal argentino. Sánchez Sorondo maneja las relaciones con los Premios Nobel católicos desde la Pontificia Academia de Ciencias y la Pontificia Academia de Ciencias Sociales, de las que es canciller. Es quien fija posiciones en torno a cuestiones cruciales como el medio ambiente, la justicia y lleva el tema de las migraciones. Se le reconoce eficacia. Sin embargo, sus últimas apuestas políticas dentro de la Argentina no funcionaron del todo. Queda a salvo su “apóstol” Alberto Rodríguez Saá, un ateo declarado que peregrina frecuentemente hasta el palacio proyectado por Pirro Ligorio, ubicado en una villa que fue construida en el año 1558 por el papa Pablo IV en los Jardines Vaticanos. Amantes del buen vivir, ambos conocen a pie juntillas la historia del lugar: el anfitrión porque es tal y el visitante para declamarlo: “A la muerte del pontífice, el edificio fue acabado bajo el papa Pío IV, que hizo un ambiente de recreación y representación. Por esto, el arquitecto debió llevar cuenta de las múltiples características de la villa, que habría debido conciliar los aspectos bucólicos del lugar en el rigor apropiados al papel del pontífice. El resultado fue un edificio de gusto manierista, estrechamente decorado mediante estatuas modernas y antiguas, esculturas y pinturas”, cuenta la historia.

Hasta allí llegó el rústico Pablo Moyano en estos días y también la renunciante procuradora Gils Carbó. Gustavo Vera “es de la casa” y muchos confunden su presumida amistad con aquel Jorge Bergoglio de hace años con su conspicuo accionar actual junto a Sánchez Sorondo. Muchos, en cambio, marcan la diferencia y aseguran, por cierto, que la hay. Y otros muchos se equivocan cuando creen que el Vaticano levanta una ideología determinada: su objetivo es la influencia, el poder y los límites de las ideas cerradas les resultan escollos.

Por eso reunieron a Gils Carbó con la exiliada ex fiscal general de Venezuela, Luisa Ortega Díaz, con quien el legislador porteño Gustavo Vera quiso verse fotografiado y compartió por las redes, para disgusto del chavismo vernáculo, pero que quienes saben de “sumar y seguir” con al menos dos milenios de experiencia, saben también apreciar como potencial político de la Iglesia.

En el lugar se desarrolló en los últimos días una cumbre de juezas y procuradoras de todo el mundo sobre tráfico humano y crimen organizado. Fue el escenario de respaldo y despedida para una Gils Carbó que reivindicó su accionar. Y subrayó, además: “El apoyo del papa Francisco es esencial porque es un líder mundial, mueve muchísimo los corazones y las mentes como buen jesuita, con los pies puestos en la tierra marcando el camino de muchos”, dijo.

Junto a ella, fueron muchas las magistradas mujeres que dijeron presente y enarbolaron una bandera argentina en pleno corazón del Estado Vaticano, en una situación que sectores jurídicos critican por restarle independencia a sus fallos en caso de que deban intervenir en asuntos que involucren a la Iglesia, sus miembros o sus bienes, o en donde el factor religioso tenga injerencia. 

Además concurrieron a la invitación palaciega la jueza de la Cámara de Casación Penal Ana María Figueroa y la presidenta de la Asociación de Magistrados (principal agrupación de jueces del país), María Lilia Díaz Cordero, enemistada con Gils Carbó. En junio de 2016, participaron de un encuentro similar en el Vaticano el presidente de la Corte, Ricardo Lorenzetti, y los jueces federales Ariel Lijo, Sebastián Casanello, Sergio Torres, Julián Ercolini y Servini, entre otros.

Finalmente, la asamblea de obispos de todo el país definió lo que había anticipado DIARIO CALCHAQUI : el Papa consiguió que un hombre de su confianza dirija los destinos políticos de la Iglesia en su propio país. Como si se tratara de un trabajo a control remoto, la elección de Oscar Vicente Ojea como presidente del Episcopado, representa el desembarco total del papa Francisco. Atrás quedarán las decisiones criticadas desde Roma en torno al rápidamente olvidado proyecto de “reconciliación” de montoneros y militares de la dictadura que intentó promover la conducción saliente, entre otras cosas y entre varias desobediencias escondidas en “malas interpretaciones” de mandatos papales.

Ojea es un hombre reconocido dentro y fuera de la Iglesia por su formación y capacidad de trabajo, pero, ante todo, por su lealtad al Papa. Puede decirse que con su designación (palabra más válida frente a la formal de “elección”) fue el “17 de octubre” de la nueva oposición en una Argentina en la que el principal partido político, perdedor de las últimas dos elecciones, está desorientado y anárquico.

El mensaje fue inmediato y en la Iglesia no hay posibilidad a la vista de disidencias: la nueva cúpula de obispos reclamó que el Congreso reforme el proyecto oficial de ley orgánica para el Ministerio Público Fiscal que estipula el mecanismo de destitución del Procurador General después de que la justicia declarase la inconstitucionalidad de la actual norma, que protegía a Alejandra Gils Carbó con la trinchera de 2/3 de votos para destituirla. Lo hizo mientras Gils Carbó subía al avión rumbo a Roma con otros referentes del peronismo que responden al llamado del Vaticano. Todo cuadró. Y ahora -de confirmarse la condición de verticalidad que el pontífice criollo viene reclamando desde hace cuatro años y parece haber conseguido- promete una “unidad básica” de oposición y control, para bien o para mal -dependiendo el lado desde donde se lo mire- en cada barrio y pueblo del país.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *